Mi Primer Día

lunes, 1 de febrero de 2010

 

Me llamo Ambar, vivo en Los Ángeles junto a con mi familia, nos cambiamos hace poco porque trasladaron a mi padre de Chile hasta acá.
Fue difícil separarme de mis amigos pero creo que siempre mantendré el contacto con ellos a través de Internet.
Toc, toc… sonó la puerta de mi habitación.
- ¿si?
- Te he traído algo – dijo mamá, entrando a mi habitación.
- ¿Qué cosa?
- Mira ábrelo – me entrego un sobre blanco, lo abrí lo mas rápido que pude, sin ni siquiera ver el remitente.
- ¡Oh! – dije un poco sorprendida - ¡Me han aceptado en el instituto que quería!
- Te felicito – dijo mientras me abrazaba.
- ¡Ah! – grite de la emoción, siempre quise estar en ese instituto y por fin uno de mis sueños se hizo realidad.
- Alto, sigue leyendo la carta para ver cuando entras.
- Oh si, a ver… veamos… ¡que!
- ¿Qué pasa?
- ¡Mañana!
- ¡¿Mañana?!
- ¡Si, ma!
- Tendremos que ir a comprarte las cosas para el instituto ¡ahora!
- Mm… ¿Por qué no lo hacemos mañana después de clase?
- Esta bien, ¿y qué harás ahora?
Mire el reloj – Ya son las nueve de la noche, creo que dormiré – dije bostezando – así no me levanto cansada para mi primer día de clases – sonreí.
- ok, buenas noche – se acerco y me beso la parte superior de mi cabeza – te quiero.
- Yo también, ma – le dedique una sonrisa.
Me estire y me recosté en la cama, mañana seria un gran día, conocería nuevas personas y quizá tendría nuevos amigos.


- ¡Ambar! - sentí que gritaban en mi oreja pero no, era mi hermana mayor que estaba en la otra habitación. Abrí mis ojos de golpe y me pare de la cama, me puse mis pantuflas y camine hacia la habitación siguiente.
- ¿Qué pasa? – dije, mientras me tomaba el cabello.
- ¡Donde esta mi polera favorita! – grito histérica.
- ¿tu polera?... em, ¿tu polera? Creo que la vi en… donde la vi… ¡A ya se donde esta!
- ¡¿Dónde?!
- Con la perra – sonreí levemente.
- ¡Que! – Pego un grito que casi me deja sorda - ¿¡pero porque esta ahí!?
- Porque tú siempre dejas tu puerta abierta entonces la hermosa y adorable Yali se metió y saco tu polera.
- ¡Aw! ¡Maldita perra la voy a matar! – salio corriendo en busca de Yali y su polera favorita.
- ¡Le tocas un pelo a mi perra!, ¡te juro que te mato escuchaste Jess! – grite en un tono amenazador.
- ¿Qué pasa aquí? – pregunto mamá.
- Jessica se ha vuelto loca y ahora quiere matar a mi pequeña – dije en un tono triste y puse cara para que se notara que me preocupaba.
- No creo que le haga algo – dijo acariciando mi cabello.
- Eso espero.
Mi hermana mayor Jessica, es una chica con un humor de perros, casi nunca sonreía y siempre me echaba la culpa de todo lo que le sucedía… bueno algunas cosas sucedían por mi culpa, pero otras como ahora ¡no!
Salí de la habitación de Jess y camine hacia la mía, cerré la puerta y me acerque a mi closet, saque de ahí una de mis tenidas favoritas para mi primer día de clases. Fui al baño, me saque mi pijama, me di una ducha, me cepille los dientes y me arregle mi cabello; Salí del baño con una toalla envuelta en mi cuerpo, me acerque a mi cama y me vestí. Tome mi bolso que también estaba sobre mi cama y salí de mi habitación. Baje las escaleras rápidamente y en la puerta de la sala de estar estaba mi pequeña perrita.
- Oh mi Yali, ¿no te hizo nada esa bruja? ¿verdad?
- ¿Tú crees que algún día esa bola de pelos te va hablar? - preguntó Jess.
- Tengo la esperanza - sonreí - ¿Vas también al instituto?
- No, o sea ya puedo ir a la universidad – sonrío burlonamente.
- Ah, ya lo había olvidado, es que no hablábamos hace meses y no sabia de tu vida.
Con Jess era difícil tener una buena relación, y antes de que llegáramos a LA habíamos peleado y no nos hablábamos hasta ahora.
- Vamos Ambar, se hace tarde para tu primer día de clases – dijo mamá desde la puerta de entrada, mire a Jess con una sonrisa amistosa y seguí a mamá hasta el auto. Me subí en el asiento del copiloto y cerré la puerta – Toma – dijo mamá entregándome una manzana – para que la comas ahora.
- Gracias, Ma – sonreí, ella siempre era tan atenta con Jess, papá y yo.
Cuando llegamos al aparcamiento del Instituto, todo el mundo tenían sus propios autos, menos yo.
- Creo que soy la única que no esta a la moda – le dije a mamá, pero aun miraba por la ventana del auto.
- Quizá… pronto lo estés – dijo en voz baja.
- ¿Qué?
- Llegaras tarde, pequeña.
- Tienes razón, Adiós mamá – me acerque a ella para besar su suave mejilla.
- Adiós.
Me baje del auto y camine tímidamente hacia la secretaria a buscar mi horario de clases. Cuando llegue ahí había un pequeño escritorio, una computadora y una impresora. Atendía una señora de baja estatura, con anteojos y en su rostro se reflejaba cansancio, mire a mi alrededor para ver el nombre de ella en una parte y lo encontré, su nombre era Alona.
- Hola, ¿que necesitas? - pregunto la señora.
- Mi horario de clases - sonreí.
- ¿tu nombre?
- Ambar Ferris - volví a sonreír.
La Sra. Alona, escribió mi nombre en la computadora y comenzó a imprimirse mi horario.
- Ten tu horario y un mapa por si te pierdes - sonrío.
- Gracias Sra. Alona - tome mi horario y el mapa, me dirigí a la salida y camine hacia mi primera clase que era Matemáticas.
Suspire y entre al salón. Mire hacia mí alrededor buscando un lugar en donde sentarme, y encontré uno al medio del salón, por suerte que todavía no comenzaba la clase así que camine de lo más relajada por el salón.
- Em… Hola, Soy André y ¿tu? - me estrecho su mano y yo se la tome, le sonreí y el sonrío.
- Soy Ambar - lo quede mirando por un segundo a los ojos hasta que me sentí ruborizada.
André tenía unos ojos azules y su cabello rubio, era guapo pero no de mi gusto. Sentía que me miraban, mire a mi lado derecho y habían unas chicas mirándome con cara de pocos amigos y me volví a ruborizar.
- ¿Eres nueva no? - pregunto André.
- Si
- ¡Oh! Genial, ¡creo que soy el afortunado!
- ¿He?
- Digo el afortunado de presentarte a los maestros, amigos y sobre todo la escuela.
- Gracias pero…
- De nada - interrumpió.
- Ambar, ¿no? - dijo una chica del grupo de la que me miraban feo.
- Si, y ¿tu…?
- Diana, un gusto Ambar - sonrío.
Le devolví la sonrisa - también es un gusto.
- Veo que ya conociste a André.
- Diana, si quieres puedes irte ahora estoy hablando yo con ella, luego tendrás tiempo de conocerla - dijo André en un tono molesto.
- A mi no me molesta que este con nosotros – sonreí.
- Ajá vez – dijo burlonamente Diana, enseñando su lengua a André.
- Esta bien – puso mala cara.
- Buenas Días Chicos - dijo el maestro de Matemáticas, mientras que entraba al salón.
Todos se sentaron rápidamente en sus puestos, incluyéndome, Diana se sentó justo en frente de mí y André se sentó a mi lado. La clase de matemáticas se me pasó volando, ni siquiera me di cuenta de que ya había terminado. Tome mis cosas y las metí al bolso, salí del salón y me dirigí a la cafetería.
Camine lentamente por el pasillo hacia la cafetería mirando cada rincón del instituto, estaba tan concentrada que ni siquiera me di cuenta que pasaba a mi alrededor.

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